TECNOLOGÍAS Y CONSTRUCCIÓN DE SOCIEDAD.
Las tecnologías de la información y la comunicación han generado diversos cambios significativos en la construcción de la sociedad. Estos cambios se direccionan a diferentes ámbitos de la cotidianidad del ser humano y sus procesos de conectividad, efectividad, creatividad e innovación comunicacional (Fajardo, 2016), a partir del empleo adecuado de los recursos de internet y el desarrollo integral de sus servicios a la sociedad, de tal manera que permiten afianzar su prosperidad económica con justicia social, así como el fortalecimiento de los procesos de participación ciudadana. En este sentido, la apropiación de las tecnologías de la información y la comunicación, obedecen al buen uso responsable que haga el usuario respecto al desarrollo humano social, sostenible y equitativo de estas para lograr que los recursos disponibles en la red, no amplíen las brechas sociales, sino al contrario, generen conectividad a costos justos y disponibles especialmente para las personas más desfavorecidas respondiendo a la necesidad de capacitarlas sin ningún argumento de exclusión (Levy (1999).
Las TIC son nuevas alternativas y paradigmas multimediales que, dentro de la globalización imperante, están diseñadas para ayudar a resolver problemas sociales generando cambios y transformaciones en beneficio del desarrollo de la sociedad (Fajardo, 2018). Las TIC deben favorecer la igualdad entre los usuarios sin brechas sociales, y, por lo tanto, no deben propender por una homogeneización de los contenidos, aun cuando se abran a la libertad de expresión y de información válida para la construcción del conocimiento sin que deben evitar la sobreabundancia de información descontrolada. Igualmente, las TIC han de estar como apoyo para acercar y evitar la fragmentación social y en este orden, cultivar la inclusión social y los valores de integridad social apoyando el trabajo colaborativo y presentando estrategias laborales desde lo local y lo global. De esta manera, internet ha de estar al servicio de la sociedad en cuanto al acceso y el uso participativo y democrático de los recursos y las herramientas digitales a partir de políticas integrales de carácter incluyente (Fajardo, 2018). En este sentido, el uso de las TIC se tiene que evaluar para ver hasta qué punto es pertinente su aplicación y su empleo dependiendo de los contextos sociales en los que se haga aprovechamiento de las plataformas digitales (Cáceres, 2013), dado que estas tecnologías se deben emplear desde constructos humanizadores al servicio de la sociedad generando vínculos equitativos, incluyentes e integrales para el desarrollo social, de los sujetos y las colectividades.
La tecnología ha originado la cibercultura condicionando la cultura a partir de nuevos conocimientos y procedimientos técnicos que forman parte de las interrelaciones y construcciones sociales (Pinch y Bijker 1989), mediatizando la realidad social a partir de la intervención digital como una forma de determinismo tecnológico (Williams, 2000). Las técnicas condicionan la cultura porque según Levy (2007a) posibilitan alternativas culturales y las formas de vida de los seres humanos según sea la percepción que tengan de su entorno (Benjamin 1973), sin embargo, las percepciones no son iguales porque han cambiado de acuerdo a los momentos históricos de tal manera que en la actualidad se da una apropiación de la inmediatez comunicativa tanto temporal como locativa afectando la conectividad en línea la cual ha llevado a traspasar las fronteras geográficas y temporales a partir del ciberespacio y las tecnologías digitales. La técnica ha sido objeto de reflexión y en este orden, para Heidegger, (2007), implica un desocultamiento y un develamiento porque ha permitido nuevas percepciones de la realidad. Según Marcuse (1993), la sociedad se describe desde la dominación fruto de racionalidades más elevadas de tal manera que tanto la técnica como la tecnología, transforman la sociedad y la remiten a la cibersociedad matizada por dispositivos electrónicos ambientes y tecnológicos que regulan la cotidianidad interrelacionante de los seres humanos.
REDES SOCIALES
Las redes sociales se han convertido en un nuevo paradigma comunicacional como ciber comunicación el cual, tanto desde el sistema y las plataformas virtuales, no representa suficiente claridad entre el escenario de contenidos públicos y el escenario de contenidos privados, porque cada vez surgen nuevas herramientas, nuevos software, hardware y aparatos tecnológicos que masifican la comunicación en el marco de la globalización capturando la atención especialmente de las nuevas generaciones a partir de los avances de las nuevas tecnologías e internet las cuales se vinculan en su cotidianidad llevando incluso a comportamientos adictivos respecto al uso de las ayudas virtuales y el acceso a las redes sociales (Fajardo, 2018).
Apartir de la implementación de las redes sociales en los diferentes escenarios de la cotidianidad de los seres humanos para interrelacionarse con los demás (Echeburúa y De Corral, 2010), se han superado brechas digitales de acceso a internet incluso en regiones apartadas de las metrópolis donde es más fácil la conectividad. Igualmente, respecto a las nuevas generaciones se considera que son nativos digitales porque han nacido en ambientes de virtualidad, sin embargo, necesitan ser supervisados para no incurrir en afectaciones provenientes de las mismas redes sociales (Mosso, 2008), a partir del acceso digital libre que en ocasiones puede llevar a mantener relaciones superficiales con personas que no conocen o que pueden ser falsos perfiles. Otro factor que se evidencia en el uso de las redes sociales está supeditado a la adicción compulsiva, y ciber dependiente sin medir las consecuencias de las relaciones que se establecen las cuales en algunos casos pueden llevar a convertirse en víctima del ciberacoso o acceder a páginas no deseadas y peligrosas.
Ahora bien, si se manejan con prudencia las redes sociales se pueden considerar como una excelente oportunidad para mantener procesos comunicacionales online, y su consecuente desarrollo psicosocial asertivo relacionado con la presencialidad y el cultivo de la propia identidad personal. integradora. Los encuentros virtuales pueden favorecer relaciones y experiencias interpersonales valiosas que pueden enriquecer la naturaleza social de las personas, así como también pueden generar relaciones destructoras de acuerdo a como se aborde el proceso comunicativo online.
Por lo tanto, el acto comunicativo virtual como ciber comunicación mediatizada desde internet y las redes sociales, se evidencia a partir de la cibercultura en la que se aplican nuevas tecnologías relacionadas con la comunicación y la información y en la que interactúan ciberciudadanos (Avogadro, 2012).
En las redes sociales se puede estar expuesto a vulneraciones afectando la sana convivencia y fomentando la agresividad y la violencia entre los ciber usuarios. Tal es el caso de la pornografía y lo que ocurre con los videojuegos que inducen a ciertos comportamientos violentos o antisociales descritos como conductas inadecuadas provenientes de la propuesta que se genera a partir del manejo inadecuado de las redes sociales.
Son múltiples los peligros que sobrevienen en el uso de las redes sociales porque hay usuarios anónimos que falsean su identidad para lograr capturar la atención de otros usuarios desprevenidos, especialmente de niños, niñas y adolescentes. Este tipo de usuarios son en su gran mayoría personas adultas quienes utilizan diversidad de estrategias y perfiles (Cáceres, 2013), para atraer y comprometer a sus interlocutores y llegar incluso al abuso sexual como ocurre con el grooming el cual comienza generando ambientes de amistad y de confianza con las posibles víctimas pasando al engaño y al chantaje a partir de la manipulación de los mensajes. Igualmente está el ciber bullying caracterizado por la ciberviolencia a partir del maltrato y la afectación de los más vulnerables, y muchas veces acude a la creación de perfiles falsos para agredir a otras personas. En este orden de afectaciones generadas en el acceso a la virtualidad, está el sexting en el que se comparten imágenes de carácter sexual con el riesgo de llegar a ser publicadas y viralizadas en la red con la consecuente afectación de la víctima.
Otros factores que se relacionan con las redes sociales y su empleabilidad, tienen que ver con las conductas adictivas a internet y esta realidad se evidencia cuando los usuarios pierden el control con el uso debido de estas herramientas o estrategias digitales llegando a afectar la cotidianidad laboral, académica, familiar, los estados de ánimo, de ansiedad y de obsesión por el uso excesivo y frecuente de internet, así como sentamos actuaciones por el uso indebido de las redes sociales.
Así como hay factores negativos en el uso de las redes sociales, también hay aspectos positivos que si son supervisados y controlados de manera prudente, dan lugar al aprendizaje y al desarrollo de competencias y habilidades específicas como base al acceso a las plataformas y a la virtualidad, de tal modo que se pueda interactuar en pro del conocimiento a partir de la creación de videos, de páginas web, de blogs con temas útiles para el estudio (Fajardo, 2016), del trabajo, la recreación, los buenos hábitos alimentarios, el cuidado de la salud, el apoyo a las finanzas, el deporte entre otros aspectos de tal manera que se crean grupos sociales permitiendo construir sentimientos de afiliación y pertenencia.
La sociedad se ha ido tecnologizando de manera exponencial empleando diversas herramientas digitales para favorecer los procesos comunicativos a partir de la web que permanentemente exige la actualización de la información brindada a las comunidades virtuales mediadas por los blog, Instagram, Twitter, Skype, Telegram, YouTube, Facebook, WhatsApp ,my Space, slideshare, Google groups entre otros, obedeciendo a motivaciones particulares y aficiones comunes (Rouis, 2012), como los juegos, los deportes, el arte, la religión entre otros servicios disponibles en la web, los cuales han permitido crear perfiles públicos para compartir en línea (Boyd y Ellison, 2008), con personas que conocen o desconocen (Cáceres, 2013) y cuya finalidad es interactuar según los grupos establecidos y generar ambientes de amistad (Echeburúa y De Corral, 2010).
Este fenómeno ha permitido procesos comunicacionales masivos, rápidos y económicos para que gran parte de la sociedad este intercomunicada en línea y permanentemente (Sainz Peña, 2011), creando nuevas formas de socialización, de aceptación respecto a sus mismos gustos y aficiones (Ayala, 2008), así como a la vinculación de intereses comunes (De Kerckhove, 1995), y cohesión entre los miembros de un grupo (Bustamante, 2008), como una nueva forma de comunidad y lealtad tribal (McLuhan, 1995), e ideológica (Castells, 2006). Así como se dan bondades en el escenario de las redes sociales, igualmente se presentan patologías que generan obsesión respecto a la necesidad de la conectividad (Przbulski, 2013), y de sentir la exigencia de siempre estar conectado y saber lo que está pasando en la red para no perderse ningún episodio enmarcado en estas realidades virtuales.
PODER DE LAS REDES SOCIALES
Las nuevas generaciones están acudiendo a las redes sociales para proyectarse en los movimientos sociales y su aspiración emancipatoria a partir de la generación de cambios y transformaciones en los contextos políticos, económicos, educativos y sociales. Igualmente, las redes sociales son empleadas por los ciudadanos en general y especialmente por quienes ostentan el poder (Lyotard, 1979), político ya que ellos han sabido visualizar los múltiples beneficios que tienen estás herramientas de poder mediático y masificador para legitimar los principios argumentativos y los marcos ideológicos de sus propuestas políticas (Castells, 2006). Es por lo tanto claro el empleo de la tecnología informática para mantenerse en el poder tradicional validado como un recurso de poder mediático (Van Dijk, 2000), que se ejerce (Foucault, 2008), como un mecanismo de control (Larraín, 2007), y que según Castells (2011), es un poder ejercido a partir de las redes y los procesos de conectividad de quienes tienen el poder y saben cómo manejarlo y tomar decisiones (Lyotard, 1979).
Frente a un proceso de sana democracia participativa, se pueden presentar escenarios de banalización de los procesos de comunicación y de la actividad política cuando el ciudadano no tiene el poder de decisión, sino la sola posibilidad de la opinión anónima porque todos pueden publicar en las redes sociales sin ningún tipo de restricción.
La cibercultura se ha convertido en una realidad cotidiana definida a partir de la conectividad de los procesos de digitalización comunicacional y el empleo de herramientas y dispositivos tecnológicos que siguen en continua evolución a partir de las redes sociales y la virtualización, lo cual ha afianzado los nuevos paradigmas de la globalización (Gross y Contreras, 2006), a partir de medios de comunicación más ágiles y con opción libre en la participación y opinión.
Las TIC, así como todo el sistema digital comunicativo, evidencian que son servicios que se deben usar de manera responsable para lograr procesos comunicacionales asertivos y participaciones sociales coherentes, a parir del reconocimiento de la influencia que tienen estos medios para los colectivos sociales y los individuos en particular (Fajardo, 2018). Por lo tanto, uno de los elementos que define la cibercultura es la participación ciudadana a partir de la mediación de las redes sociales.
Las redes sociales operan como una estrategia que posibilita la libre elección para construir imágenes y perfiles de los usuarios, sin embargo, aun cuando se postula una libertad de elección, es claro que a esta decisión subyacen intereses de factor económico, cultural, político, religioso entre otros, determinando la capacidad para ser acreedor de los beneficios y servicios de las plataformas virtuales.
Las redes virtuales operan como gestionadoras de colectividades masificadas a partir de los paradigmas de la sociedad del consumo en contextos de flexibilidad informativa, respondiendo a las necesidades del conocimiento (Lipovetsky, 2015), globalizado y a las realidades cotidianas del hombre como el esparcimiento, la diversión, la cultura, las ofertas laborales, así como las restricciones para acceder a otras plataformas en cuanto a contenidos que también son manejados por las redes en tanto objetos y productos de información para el sistema del mercado. Esta realidad implica el manejo de factores temporales de renovación frecuente de las plataformas, frente la inmediatez de la información que legitiman de alguna manera las estrategias de mercado y el consumo de capital comercial en tanto que la información que se presenta en las redes, es respaldada por estructuras económicas que pautan comercialmente sus emisiones (Baumann, 2007).
Ahora bien, factores como el espacio y el tiempo no son límites para generar procesos de activación del conocimiento, porque el ciberespacio es un mundo posibilitante de interacción y adquisición de productos de manera inmediata a partir de múltiples opciones de conectividad, de tal manera que permite que los usuarios se sientan cómodos, acogidos y personalizados como sujetos únicos, pero desconociendo los procesos de estandarización que hacen las plataformas al coaccionar a sus usuarios (Han, 2014). Son redes que conectan y permiten que los usuarios presenten sus configuraciones personales a partir del narcisismo exhibicionista de sus perfiles como un objeto que se mercantiliza y se desea o busca ser deseado, creando imágenes de autovaloración y exponiendo la intimidad de su existencia particular lo cual también exige de los otros la auto exposición para ser reconocidos y de esta manera pertenecer al mundo de lo virtual (Bustamante, 2008), siendo aceptado y aprobado con el me gusta, al editar fotografías embelleciéndolas con presentaciones estéticas de photoshop que sobrepasan la realidad imitando modelos y buscando estar al día con las tendencias de la moda, perdiendo el valor de lo privado e íntimo porque todo se hace público. Se trata al final de cuentas de imágenes que se publican en la web y que se convierten en objetos de consumo mercantil a partir de su aprobación en el mundo virtual de los likes.
CIBERCULTURA Y SOCIEDAD
El acceso a las redes sociales posibilita la conectividad entre las personas según los intereses comunes, tanto de quienes incursionan por primera vez en el mundo virtual, así como de los nativos digitales permitiéndoles que la articulación de sus intereses genere movimientos sociales a partir de convocatorias masivas como una forma de participación ciudadana activa. Este fenómeno ha dado lugar a los diversos movimientos sociales expresados en manifestaciones populares y de protesta emblemática mediatizada a partir de los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales globalizadas (Virilio, 1995), las cuales tienen en cuenta lo global y lo local implicadas de manera significativa desde lo real y lo virtual.
Son nuevas dinámicas sociales y paradigmas de interrelación que difieren significativamente de los métodos tradicionales comunicativos y de información, tanto de la proximidad local como de los referentes temporales, porque la comunicación es más inmediata y global, más rápida y universal debido al acceso masivo a internet y a las TIC (Patten, 2013), así como a la creación de comunidades cibernéticas o ciber comunidades con poder para desafiar los modelos políticos y económicos tradicionales y buscar realidades transformacionales a partir de propuestas democráticas y sistemas políticos participativos, que lleven a generar nuevas comprensiones de lo público desde miradas críticas y representativas (Habermas, 1997), de tal manera que con estos argumentos, construyan la voluntad política que participa y genera cambios frente a los monopolios hegemónicos de la opinión pública tradicional (Gramsci ,1967).
Los cambios generados por parte de las TIC han constituido transformaciones en la sociedad demostrando que las tecnologías son necesidades imperantes y demandantes de conocimiento (Martínez, 2016), las cuales surgen como herramientas imprescindibles para alimentar e impactar la cibercultura, conformando nuevos escenarios para comprender la realidad desde los mundos digitales y por lo tanto artificiales (Rodríguez, 2007), y que configuran comunidades con intereses comunes e interacciones diversas (Cavero y Gilberto, 2005) de carácter virtual ausente de existencia material o tangible (Lavigne, 1999). El concepto de cibercultura se ha venido construyendo de manera paralela a la cultura categorizando términos actitudes y modelos de comportamiento de las personas y sus contextos sociales (Félix, 1990), en correlación con las tecnologías las cuales han dado lugar a nuevas formas de apropiación y transmisión de la información en los escenarios sociales, económicos, políticos, religiosos entre otros. La cibercultura es la cultura del ordenador configurado a partir de un lenguaje de carácter universal, es decir, el lenguaje digital para generar interactividad desde la presencialidad remota de los usuarios y los contextos digitales y mediados por los hardware. Asimismo, está la hipertextualidad comprendida como el acceso interactivo que se tiene desde cualquier lugar del mundo y a cualquier evento o realidad.
En este orden, está la conectividad que obedece a la potencia que tiene la tecnología para permitir el acceso a los conocimientos o a la información, y en este caso, es permitida por internet de tal manera que la cibercultura se convierte en la interacción que tienen los seres humanos con la cibernética.
El hombre logra a partir de estas herramientas estrategias virtuales, plantear nuevas dinámicas de la reconfiguración de la sociedad contemporánea a partir de nuevos modelos y paradigmas conceptuales y su relación con los sistemas de información digital, así como con los referentes de consumismo. La información y las propuestas revolucionarias informáticas como la electrónica, las autopistas de la información y las telecomunicaciones entre otras, determinan que las TIC han dado lugar a una sociedad mediada por el capitalismo, enriqueciéndose a partir de los sistemas de la información en un mundo ilimitado virtual, sin fronteras visibles, considerado como el ciberespacio de acceso libre en el tiempo y en el espacio con infinitas posibilidades de acceso a archivos de texto, video, audio y representaciones simbólicas conectados en red creando la cibersociedad afianzada desde los procesos multimediales desde la hipermedia, las grandes redes de computadores, la realidad virtual, las autopistas de la información y especialmente internet (Joyanes, 1998).
La implementación masiva de las TIC, han traído a la sociedad, implicaciones y transformaciones reales a partir de la construcción de escenarios políticos, sistemas económicos y culturales, donde todos los seres humanos sin ser expertos en ingeniería, están hablando estos lenguajes porque se han admitido en su cotidianidad digital, porque es fácil tener a la mano un smartphone, una tablet, un computador, un procesador entre otros equipos. La sociedad se está transformando a partir de la implementación de las nuevas tecnologías y modelos de las TIC (Avogadro, 2012), así como de las tecnologías informáticas. Es innegable que han cambiado los modelos de interrelación social creando en el mundo una nueva propuesta y es la de la aldea global matizada por un conocimiento en línea que ha regulado las relaciones entre los seres humanos configurándolo a partir de las redes donde internet se convierte en el nuevo enfoque de sociedad como cibersociedad.
Se trata de una nueva civilización marcada enteramente por lo tecnológico (Drucker, 1972), porque con la llegada del ordenador, la nueva sociedad ha puesto las bases para una nueva civilización (Drucker, 1992), una sociedad red producto de una estructura social dominante a partir de la era de la información (Castells, 2006).
CIUDADANÍA DIGITAL Y CONSTRUCCIÓN DE LA OPINIÓN PÚBLICA.
La ciudad es considerada como un lugar físico y concreto, como una construcción social, como un proyecto en el que convergen culturas, ideologías, singularidades y realidades de interrelación socializante (Bustamante, 2008). Igualmente, la ciudad implica la existencia de referentes financieros, comerciales, administrativos, identitarios desde lo local y lo global según el poder económico y político manifiesto en estos escenarios y su desarrollo como plataforma teniendo en cuenta el modo de vida de los ciudadanos. La noción de ciudad ha venido evolucionando y hoy se comprende desde el constructo epistémico de lo digital especialmente a partir de la realidad virtual, permitiendo la estructuración de sociedades del conocimiento y la información mediadas por las TIC.
En la realidad de la ciudad convive el ciudadano y su naturaleza política participativa como búsqueda de identidad social y la defensa de los derechos y deberes que le competen en orden al compromiso y el servicio social. Paralelo al devenir del desarrollo de la ciudadanía, en la historia se han generado momentos críticos que han puesto en tela de juicio los poderes tradicionales para dar lugar a la participación activa de movimientos sociales estudiantiles sindicales y de solidaridad, buscando el cambio y la transformación de los gobiernos, de las políticas e ideologías que marcan el poder y que convocan a la autonomía y la participación ciudadana.
Ahora bien, asumir la ciudadanía digital implica la libre de elección respecto a una forma de vida participativa y actuante que propende por la independencia en sus convicciones y acciones, teniendo como fundamento obrar con autonomía frente a la sociedad globalizada y reconociendo de manera asertiva los modelos del consumo alienante e individualista.
Las redes sociales han generado nuevos paradigmas de socialización y procesos comunicativos entre los seres humanos, así como han fomentado diferentes maneras de participación ciudadana (Castells, 2006). Para Scolari (2008), las tecnologías de la información y la comunicación han logrado implicarse en la vida social y sus manifestaciones políticas, económicas, sociales, educativas, culturales y religiosas y en este sentido, la era de la cibercultura (Levy, 2007a), ha modificado los entornos sociales de los procesos comunicativos y de los intercambios informacionales, a partir de la masificación de las fuentes de internet y la web.
Las TIC se convierten en perfectos aliados de la ciudadanía participativa como una ciudadanía que emerge desde las plataformas de la virtualidad. En este sentido, las redes sociales son fundamentales para generar participación ciudadana activa desde las convocatorias individuales y colectivas y su correlación con la toma de decisiones frente a los discursos de la sociedad y sus nuevos poderes comunicacionales de transformación de los entornos sociales.
La sociedad ha adquirido una nueva dimensión y expresión desde el contexto digital y la prevalencia del mundo informativo el cual es considerado como un recurso intangible, permitiendo la cohesión de los colectivos sociales y conformando la sociedad de la información que recepciona y construye conocimiento con el apoyo de las herramientas tecnológicas (Levy, 2001). La conformación de una sociedad implica asumir derechos y deberes para seguirle aportando a la construcción, la transformación y los cambios de sus entornos vitales. Son obligaciones que derivan desde las cotidianidades económicas, políticas, culturales, religiosas, de salubridad y educativas conformadas como servicios para una mejor calidad de vida y para que su cobertura se dé, es necesario recurrir a plataformas y medios físicos y digitales para establecer interacción entre los individuos y lograr expresarse desde diversos lenguajes y medios (Gutiérrez, 2007).
Usar las TIC implica superar las barreras de la alfabetización digital y adquirir competencias adecuadas para el manejo actual de la información y el empleo de las tecnologías en orden a la construcción y difusión de conocimiento útil y responsable para responder a las dinámicas y procesos de vanguardia social, dirigidos a enriquecer las culturas, los actores y las redes que conforman el apoyo digital. Las redes sociales ayudan a conformar escenarios de intercomunicación rápida y oportuna que también generan identidad social, sin embargo, esto puede llevar a afectar la realidad de la presencialidad del hombre y sus interacciones físicas y concretas.
La ciudadanía digital ha partido del aprendizaje y la apropiación de realidades y contenidos sociales matizados desde la autonomía y la libertad, teniendo como referentes los procesos educativos contextualizados y apoyados en políticas públicas que respaldan el uso debido de la tecnología y la apropiación de las herramientas comunicativas (Przybylski, et al, 2013). Por lo tanto, la ciudadanía digital asumida de manera responsable, es un punto de inicio para una real humanización de las TIC desde las herramientas y escenarios digitales aplicativos como las redes sociales.
Las nuevas generaciones de ciudadanos transitan por ciberautopistas y entornos configurados bajo la premisa de la era digital (Scolari, 2008), de tal manera que no se puede ignorar la incidencia que tienen estas tecnologías en el devenir histórico del hombre porque si se ignoran, se genera auto exclusión ante una realidad inminente que invita y exige, que invita a participar de manera activa que en ciertos casos, sobrepasan la libertad y la toma de decisiones de los seres humanos porque se imponen como realidades necesarias y obligantes en todos los contextos que el hombre vive, lo cual también se puede interpretar como amenazante de su libertad, vulnerando su capacidad de autonomía y automáticamente involucrándolo en la sociedad de la información y del conocimiento. (Echeburúa y De Corral, 2010).
Las tecnologías de la información y la comunicación en los nuevos escenarios socioculturales se vinculan de manera directa, indirecta y exigitiva porque los ambientes empresariales, institucionales, culturales, religiosos entre otros, están determinados por plataformas virtuales lo cual exige que los usuarios y los administradores utilicen de manera obligatoria esas tecnologías como apoyo a sus labores cotidianas (Bauman, 2007).
La ciudadanía implica la residencia y la construcción social integral de cada individuo desde su singularidad y sentido comunitario (Moroni y Salamón, 2003), de tal manera que se convierte en un proyecto común y dinámico que emerge del compromiso con la comunidad y también con el lugar, es decir, con la ciudad, con el apoyo de la tecnología, la consecuente alfabetización digital y el manejo de habilidades propias del mundo digital cada vez más innovador debido a los cambios que se originan en el escenario de las tecnologías de la información y la comunicación (Levy, 2007b).
Ahora bien, los avances en el mundo de la tecnología dan lugar a que haya ciudadanos pasivos que solamente se dediquen a consumir de manera acrítica los productos y mercancías propios de lo digital y de lo tecno científico, configurándolos como reproductores autómatas de plataformas y sistemas automática. Por otro lado, es importante considerar que esta nueva versión de ciudadanía digital debe superar las caracterizaciones consumistas y acríticas por una nueva propuesta de ciudadanos creadores y proactivos, con incidencia en la vida social, cultural y política de las comunidades, a partir de su vinculación participativa y obrando con responsabilidad y justicia social. Para tal efecto, es importante que estos ciudadanos digitales se preparen para asumir críticamente las nuevas realidades y escenarios tecnocientíficos.
Los escenarios tecnocientíficos plantean nuevos retos a la ciudadanía que se vincula de manera significativa en su cotidianidad con la influencia de las tecnologías de la información y los medios de comunicación masivos. Estos retos exhortan al ciudadano digital a ser más crítico frente a la empleabilidad de estos medios, así como a planear, diseñar, implementar y valorar los sistemas y las plataformas digitales desde propuestas teleológicas al servicio y el desarrollo armónico de la sociedad (Rodríguez, 2007). Ahora bien, vincularse como ciudadano digital en la sociedad, es importante hacerlo a partir de un trabajo de alfabetización digital responsable para llevarlo a una eficiente empleabilidad de las tecnologías. Igualmente, el ciudadano digital debe conocer las leyes digitales para el uso responsable de las plataformas digitales para que por su desconocimiento no lo lleve a incurrir en delitos que pueden afectar y vulnerar a las demás personas. En este orden, es necesario que el ciudadano digital conozca los derechos y los deberes digitales como ciudadano singular pero también como ciudadano colectivo inmerso en una sociedad con las que debe ser responsable a la hora de compartir conocimiento (Bustamante, 2008). En este sentido, el ciudadano digital perteneciente a la aldea ciberespacial, debe reconocer el valor de la seguridad digital en cuanto a los datos tanto personales como de los demás usuarios del ciberespacio y, por consiguiente, conocer sobre los escenarios e implicaciones del comercio digital en tanto usuario vinculado a los procesos de oferta y demanda de productos y su consecuente transacción digital y financiera.
Los medios de comunicación y en este orden, los medios digitales, tienen un papel fundamental protagónico en las decisiones en los comportamientos de carácter político de los ciudadanos de tal manera que los mensajes que se expresan en las redes sociales, tienen incidencia significativa en la toma de decisiones políticas y, por consiguiente, de los comicios electorales los cuales se afectan en sus resultados según el imaginario de opinión y convocatoria que se genera frente a los mensajes emitidos. Esta realidad deviene en la manera como inciden los medios en la participación ciudadana y las recurrentes condiciones decisorias de los colectivos sociales, de tal manera que su expresión se da a partir de los mecanismos de participación como el voto, de referéndum, el plebiscito, el concordato, la revocatoria de mandato y las manifestaciones de protesta social motivadas a partir de informaciones directas que movilizan a la comunidad según las intenciones que subyacen a estos movimientos.
Quienes promueven la movilización masiva de los ciber ciudadanos, reconocen el valor que tienen las redes sociales para convocar a los ciudadanos que se encuentran permanentemente conectados en la web, lo cual minimiza costos financieros y logísticos a la hora de dar a conocer información pertinente sobre la realidad política y sus implicaciones participativas (Rodríguez, 2007). Tal es el caso del uso de Facebook, Instagram, YouTube y Twitter para manejar convocatorias sociales dirigidas a la movilización masiva de los electores a partir de las protestas, las marchas y su consecuente participación política. De esta forma se puede inferir que no es la tecnología por sí misma lo que afecta las decisiones de la participación ciudadana, sino la manera como los administradores de las plataformas y los usuarios emplean la tecnología para tales fines. Igualmente, formas de participación política directa están manifiestas en los foros y en los debates y estas técnicas grupales son también formas de participación que se logran realizar a partir de las convocatorias hechas a través de las redes sociales y dirigidas a quienes son considerados ciudadanos digitales. Las redes sociales y todos los medios de comunicación permiten la inmediata masificación de la información dada su evolución permanente en tecnología ,y su consecuente influencia en la participación ciudadana y política de los ciudadanos (Fajardo, 2016). Estos medios han surgido a partir de la motivación y las estrategias que emplean los líderes políticos para cautivar la atención de sus electores y generar procesos y acciones concretas de participación ciudadana y construcción de la opinión pública. Esta realidad confirma la intromisión del poder político y estatal en todos los contextos sociales, informáticos, tecnológicos y del conocimiento (Toffler, 1997).
CONCLUSIONES
Las tecnologías de la información y la comunicación han surgido como herramientas digitales al servicio de la humanidad, para optimizar sus procesos de conectividad comunicacional ágil, efectiva y oportuna. En este sentido, las TIC favorecidas desde las plataformas digitales de internet, se consolidan como servicios mediáticos para la sociedad y, su interactividad comunicacional global y local en escenarios económicos, políticos, culturales, religiosos entre otros, dando lugar a que estas tecnologías informáticas permitan el acercamiento entre los individuos y la conformación de colectivos digitales. En este orden de ideas, las redes sociales son paradigmas comunicacionales presentes en las plataformas virtuales que han ayudado a reducir las brechas digitales permitiendo la conectividad a más personas y colectivos sociales a partir del acceso libre e inmediato. Así como se presentan bondades en su uso cotidiano, igualmente, su inadecuado empleo puede propiciar ciberacosos y afectaciones peligrosas especialmente con las personas más vulnerables y de fácil manipulación.
Las redes sociales han permitido la colectividad hasta en los lugares más recónditos según las plataformas digitales a las que se tenga acceso. Este fenómeno ha permitido reconocer el gran poder que tienen las redes sociales para generar ambientes masificadores sobre todo en escenarios políticos, de tal manera que quienes ostentan representatividades electorales y saben manipular a los usuarios a través de las redes sociales, saben bien que es una excelente herramienta mediática para llevar a cabo sus propósitos democráticos. En este sentido, las redes sociales propician nuevas dinámicas y ambientes de cibercultura y construcción interactiva de nuevos sentidos de identidad y pertenencia ciudadana digital como cibersociedad que convoca a la participación activa y democrática con la toma de decisiones a partir de la opinión pública.
En las redes sociales hacen presencialidad personajes, en su gran mayoría, sin mayor estructura intelectual y académica, pero que a partir de la puesta en escena y el apoyo de las herramientas mediáticas adecuadas, han logrado cautivar la atención especialmente de las nuevas generaciones, y tal es el caso de los youtubers, los tiktokers, los influencer, los instagramers entre otros. Lo paradójico es que a partir de la influencia que tienen en las redes sociales, han generado percepciones masivas de parte de los usuarios y por supuesto, influir en las nuevas ciudadanías digitales, en las nuevas formas de pensar, de interactuar y plantear alternativas de participación ciudadana, que muchas veces es a partir de propuestas simples y sin mayor contenido argumentativo, pero que resultan ser atractivas y fascinantes para quienes los siguen en calidad de ciber dependientes.
Redes sociales y construcción de la ciudadanía digital. bol.redipe [Internet]. 2022 Sep. 1 [cited 2024 Jul. 26];11(9):163-77. Available from: https://revista.redipe.org/index.php/1/article/view/1888